
Qué taco y qué tornillo usar según la pared y el peso
Publicado el 17 de octubre de 2026
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Vas a colgar una balda y la pared te da una de dos sorpresas: la broca no avanza por mucho que empujes, o se hunde de repente como si detrás no hubiera nada. Luego metes el taco, aprietas y el tornillo gira sin parar. Casi nunca es cosa del taladro ni de la mano, sino de un taco que no era el que pedía esa pared. No existe uno que valga para todo: cada material se comporta a su manera y cada peso tira en una dirección distinta. Te contamos cómo reconocer lo que tienes delante y qué poner en cada caso, sin marcas y sin cifras, que dependen de cada fabricante y vienen en el envase.
Cómo saber qué pared tienes
No hace falta abrir nada para hacerse una idea. Hay tres pistas que cualquiera puede mirar:
- El sonido. Golpea suave con los nudillos. Si suena a hueco y la superficie cede un poco, lo más probable es que sea pladur. Si suena sordo, es obra: ladrillo u hormigón.
- Dónde está. Fachadas, paredes entre viviendas y pilares suelen ser macizos o de hormigón. Los tabiques entre habitaciones son muchas veces de ladrillo hueco y, en la obra más reciente, de pladur.
- El polvo de la broca. Haz un agujero de prueba en un rincón que no se vea. Polvo blanco y después rojizo: yeso y ladrillo. Gris y avanzando con esfuerzo: hormigón. Blanco todo el rato y la broca atraviesa enseguida: placa de yeso. Si en ladrillo la broca va a trompicones, cediendo de golpe en algunos tramos, estás cruzando las celdas de un ladrillo hueco.

Ladrillo hueco: el taco tiene que abrirse por dentro
Es la pared que más engaña, porque por fuera parece firme y por dentro tiene más aire que material. Un taco corto de los de siempre se expande en el vacío y no aprieta contra nada. Aquí funcionan los tacos largos de nailon para huecos, que al meter el tornillo se retuercen o despliegan varias patas y se agarran a los tabiquillos interiores del ladrillo. Taladra sin percutor, para no reventarlos, y no apures el atornillador: cuando notes que el taco ha hecho cuerpo, déjalo ahí.
Para cargas grandes en ladrillo hueco existe el taco químico: una resina que se inyecta en el agujero dentro de una funda de malla, rellena las celdas y, cuando endurece, deja el tornillo tan firme como en una pared maciza.
Ladrillo macizo y hormigón: lo difícil es el agujero
En estas paredes el taco agarra muy bien; lo que cuesta es taladrar. Hace falta percutor y una broca de pared en buen estado. Si a mitad de camino la broca se frena en seco y salen chispas o virutas brillantes, has dado con un hierro de la estructura: no insistas, sácala y prueba un poco más allá.
El taco de expansión corriente va bien con una condición: tiene que quedar metido en el material duro, no en el enlucido que lo cubre, que en pisos antiguos puede ser grueso. Si buena parte del taco se queda en el yeso, al principio parece que sujeta, pero con el peso acaba cediendo.
Pladur: el perfil o un anclaje que se abra detrás
El pladur es una placa de yeso atornillada a unos perfiles metálicos verticales. El taco de plástico normal no sirve: no tiene contra qué expandirse y se sale con poco peso. Hay dos caminos:
- Atornillar al perfil. Los perfiles van repartidos a distancias regulares y se localizan con un detector, con un imán que se pega a los tornillos de la placa o a golpecitos, porque donde hay perfil suena menos hueco. Para lo pesado es lo más firme.
- Anclajes para placa, cuando no hay perfil donde hace falta: los metálicos que al apretar se aplastan por detrás formando una especie de flor, y los basculantes, que pasan plegados por el agujero y se abren al otro lado. Reparten la carga sobre un trozo de placa más grande.
Aun así, la placa tiene un límite. Un mueble alto de cocina, una tele grande o una estantería muy cargada sobre pladur conviene sujetarlos a los perfiles o a un refuerzo de madera colocado dentro de la pared al construirla.
Azulejo: lo delicado es la pieza
Detrás del azulejo hay ladrillo, hormigón o pladur, y el taco se elige según eso. Lo delicado es atravesar la cerámica sin partirla. Pega cinta de pintor sobre la marca para que la punta no resbale y empieza sin percutor, despacio, con una broca para cerámica; cambia a la de pared solo cuando hayas pasado el azulejo. Taladrar en la junta es más sencillo y, si algún día descuelgas lo que pongas, el agujero se tapa con lechada sin que se note. Sea donde sea, mete el taco hasta que quede entero detrás de la cerámica: si se expande dentro del azulejo, lo raja al apretar.
El tornillo y el peso
Taco y tornillo van en pareja. El envase del taco indica qué grosor de tornillo admite: uno más fino no lo abre y uno más grueso lo revienta o no entra. De largo, el tornillo tiene que cubrir lo que mide el taco más el grosor de lo que vas a sujetar, para que la rosca llegue hasta el fondo.
Además, no todo peso tira igual. Un cuadro carga hacia abajo, a lo largo de la pared, y eso lo soporta casi cualquier taco bien colocado. Una balda, sobre todo si es flotante, o un soporte de tele con brazo hacen palanca y tiran del taco hacia fuera. Ese tirón es el que arranca tacos, y por eso esas piezas piden más puntos de sujeción, tacos más largos y una pared firme detrás. Ante la duda, varios tacos repartidos sujetan más que uno solo muy grande.
Antes de taladrar: tubos y cables
Lo que más respeto da es dar con algo que no se ve. Los cables suelen ir en tramos rectos, en vertical por encima y por debajo de enchufes e interruptores, y a veces en horizontal cerca del techo o del suelo. Las tuberías se concentran en cocina y baño, alrededor del fregadero, del lavabo, del inodoro y de los radiadores. Aleja los agujeros de esas líneas y, si tienes un detector de metales y cables, pásalo antes por la zona: no es infalible, pero avisa de lo más habitual. Si la broca toca algo metálico donde no lo esperabas, o sale agua, para y no sigas hasta saber qué hay.
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